
La idea de la infidelidad ha experimentado transformaciones significativas en las últimas décadas.
Los avances científicos, los cambios sociales, una mayor autonomía femenina, internet y los nuevos formatos de relación han impulsado nuevas reflexiones. Al fin y al cabo, ¿qué caracteriza una ruptura de acuerdo dentro de una relación?
Según la investigación nacional Mosaico 2.0, dirigida por la psiquiatra Carmita Abdo, coordinadora del Proyecto Sexualidad (ProSex) del Instituto de Psiquiatría del Hospital das Clínicas de la USP, en São Paulo, y publicada en junio de 2017, el 40,5% de la población, en promedio, admite haberse involucrado en alguna situación fuera de la relación. Entre ellos, el 50,5% eran hombres y el 30,2%, mujeres. En un sondeo exclusivo de WH con lectoras, el 65,4% afirmó haber sido traicionada.
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Infidelidad
Descubrir que hubo una ruptura de un acuerdo afectivo puede generar un sufrimiento intenso. Según Patricia Scheeren, doctora en psicología y especialista en familia y parejas, la relación amorosa es una de las más íntimas que establecemos. “Todo lo que se vive en ella adquiere mayores proporciones. Cuando ocurre la ruptura de la confianza, el dolor suele ser profundo”, explica.
El profesor de psicología Cláudio Paixão añade que es común que la persona afectada cuestione su propia responsabilidad en la dinámica de la relación, aunque la decisión de romper el acuerdo haya sido individual.
En muchos casos, la infidelidad no surge necesariamente por desinterés, sino por sentimientos de insatisfacción o carencia. En un estudio publicado por Patricia con 1.042 participantes de las cinco regiones de Brasil, el principal motivo señalado fue la insatisfacción con la relación. Entre los hombres, el segundo factor mencionado fue la búsqueda de novedad; entre las mujeres, la atracción por otra persona, ambos con una incidencia significativamente menor que el primer motivo.
Esa insatisfacción puede ser tanto relacional como individual. “Hay situaciones en las que la persona busca validación externa, reafirmación o nuevas experiencias como forma de llenar un vacío personal”, explica Cláudio.
Aspectos biológicos y conductuales
Algunos investigadores también debaten posibles influencias biológicas relacionadas con el deseo y la formación de vínculos. Desde una perspectiva evolucionista, existen hipótesis de que los impulsos reproductivos hayan influido históricamente en el comportamiento humano. Sin embargo, los especialistas subrayan que los factores sociales, culturales e individuales tienen un peso determinante en las decisiones.
El estudio Mosaico 2.0 también señaló diferencias en la expectativa promedio de frecuencia sexual entre hombres y mujeres. En promedio, ellos reportaron un mayor deseo de actividad íntima semanal que ellas. Según Carmita Abdo, las variaciones hormonales pueden influir en estas diferencias, especialmente en el caso femenino, debido a las oscilaciones a lo largo del ciclo menstrual y de la vida.
La antropóloga Helen Fisher propuso la existencia de tres sistemas neurológicos distintos — deseo, amor y vínculo — que pueden actuar de forma independiente. Aun así, la antropóloga Mirian Goldenberg refuerza que el comportamiento humano no es puramente instintivo. “Somos seres racionales, capaces de reflexionar y tomar decisiones conscientes”, afirma.
Autonomía femenina y nuevas dinámicas
La diferencia entre los índices masculinos y femeninos ha disminuido con el paso de los años. La mayor independencia financiera y social de las mujeres ha contribuido a cambios en el comportamiento afectivo y en la forma de relacionarse.
La investigación Mosaico Brasil (2008) ya indicaba que, entre jóvenes de 18 a 25 años, era común al menos un episodio de infidelidad en el noviazgo. Entre la primera edición y la versión 2.0, aumentó el número de mujeres que reportaron experiencias íntimas sin un vínculo afectivo formal. Los especialistas asocian este cambio con la mayor autonomía y el aplazamiento del matrimonio.
Internet como facilitadora
Si los motivos pueden ser complejos, los medios se han vuelto más accesibles con la tecnología. Internet facilita conexiones rápidas entre personas con intereses similares. Los investigadores destacan que la tecnología no crea la intención, pero puede actuar como facilitadora.
Plataformas digitales orientadas a relaciones extramatrimoniales registran cientos de miles de usuarios en Brasil. Según representantes de estos servicios, las mujeres suelen buscar atención y valoración, mientras que los hombres tienden a priorizar encuentros físicos. No obstante, muchos usuarios no consideran las interacciones virtuales como una ruptura del compromiso, lo que demuestra cómo el concepto está siendo reinterpretado.
Al mismo tiempo, las huellas digitales también facilitan los descubrimientos. Cambios de comportamiento, exceso de privacidad con los dispositivos y alteraciones en la rutina son señalados por investigadores como indicios recurrentes en casos confirmados.
Monogamia en debate
Con cifras elevadas de infidelidad, crece el debate sobre los modelos de relación. Los especialistas señalan que el ideal del amor romántico — que concentra las expectativas de felicidad en una sola persona — puede generar frustraciones.
Nuevas formas de relación, como acuerdos abiertos o modelos no monógamos consensuados, se discuten como alternativas. El punto central, según los psicólogos, es que cualquier formato exige reglas claras y consentimiento mutuo.
Comunicación como prevención
Los especialistas coinciden en que el diálogo es esencial. Definir límites, expectativas y acuerdos reduce conflictos y aumenta la transparencia. Incluso en relaciones abiertas, la ruptura de las reglas establecidas puede considerarse infidelidad.
La comunicación continua permite ajustes a lo largo del tiempo. Aun así, no existen garantías absolutas. Las relaciones humanas involucran factores conscientes e inconscientes.
¿Es posible reconstruir?
La infidelidad no siempre significa el fin definitivo de la relación. En un sondeo de WH, el 42,3% de las lectoras afirmó haber perdonado y continuado con su pareja.
Los especialistas explican que la reconstrucción exige un nuevo pacto entre la pareja, con disposición para escuchar, reconocer fallas en la dinámica relacional y abandonar los juegos de culpa. Cuando existe madurez emocional, la relación puede reestructurarse.
Al final, más que una definición fija, la infidelidad depende de los acuerdos establecidos entre las personas involucradas. Lo que permanece como consenso es que la transparencia, el respeto y el diálogo siguen siendo los pilares centrales de cualquier relación saludable.













